Lunes 12 de Abril de 2021

HISTORIAS DE VIDA

8 de abril de 2021

Eduardo Cabrera, 30 años como Bombero Voluntario de Urdampilleta

Tres décadas sirviendo a la comunidad con un oficio, una vocación, que es orgullo para muchos. Eduardo Cabrera, Oficial Principal, nos cuenta sus comienzos en esta loable profesión


“Donde hubo amor, cenizas quedan”.

Una frase romántica que, en boca de un bombero, toma otra dimensión.

Las cenizas bien apagadas, el fuego extinguido, y una pasión que todo un pueblo agradece por los cuidados propinados.

Es la manera que lo siente, 30 años después, Eduardo Cabrera: “Cuando uno ingresa a Bomberos lo que quiere es ir a los incendios y poder dar una mano en lo que se pueda a la comunidad”.

De eso se trata. De ayudar al prójimo con el riesgo en la propia vida. Siempre. Ayer y hoy. Aunque los tiempos hayan cambiado y entonces comienza a recordar con una sonrisa, algunas situaciones de las tantas que ha vivido en estos treinta años como Bombero Voluntario.

“Bomberos comenzó en Urdampilleta en el año 86’ y yo ingresé en el 91’. En aquellos tiempos no existía el cuartelero. El teléfono que se usaba para las salidas era el de la Comisaría. Venía entonces el policía que estuviese de turno, tocaba la sirena e informaban hacia dónde nos teníamos que dirigir”.

Nos suena extraño, curioso, hasta divertido. Eran otros tiempos, pero el profesionalismo y la valentía siguen intactos.

“Más de una vez el bombero está almorzando o preparándose para cenar cuando surge una emergencia y tenés que presentarte en el cuartel y salir a la acción, sin saber si se regresa a los 15 minutos o en 3 horas”.

Es por eso que además de la vocación, de los cursos, de los compañeros del cuartel, un pilar importantísimo es la familia, y así la define Eduardo: “La familia son bomberos sin uniforme, porque se tiene que aguantar los horarios, las guardias semanales y si no hay ningún siniestro, se vuelve a las 11 de la noche a la casa”.

El sacrificio se encuentra a la orden del día… en todos los aspectos: “Tu vida la tenés que dividir en tres partes: Tu casa con la familia, bomberos voluntarios y tu trabajo. Porque el bombero no vive de bombero, sino de su trabajo”.

Ser bombero es mucho más que las sirenas, la manguera y el casco.

Se requiere de ciertos aspectos que sólo algunos elegidos pueden ser parte.

Eduardo Cabrera es parte y también lo es todo.

Por eso acaba de cumplir 30 años como Bombero Voluntario de Urdampilleta.

Treinta años cuidando a su pueblo, sirviendo a la comunidad, con un corazón de fuego.

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